En el vortice del cielo
Disolvente.
No
hay lamentos, no hay silencios, simplemente yo tumbado
sobre mi cabeza no hay
aliento solamente laurel y ajenjo.
Alusión para la gloria y el sufrimiento,
Salomón corona mis intentos,
mas exprimes el sendero por el cual camino, no
hay función no hay destino
solo yo libando amargamente sus
palabras.
Son
terrible acierto de mis actos, vergonzoso don, bufo que pensaba yo
silente.
Un terrible desconsuelo siento: que te
amo y tú.
Y tú: en el vórtice
del cielo ahí sentado subyugas y murmuras
descifrando el código de los
grillos y las ranas.
Mas
no somos incansables, cerca estoy de ti y lejos tu de mi,
desentierro
libremente mis entrañas, purgas de veneno.
Todo se transcribe claramente;
sobre mi cabeza Laurel y Ajenjo.
Acostumbrado
al silencio intemperante de tu cielo, no hay murmullo
ni tifones que te
arrastren, mucho menos hay remordimiento
solo ascuas viejas, débiles que
concretan mis lamentos.
Y
es que la razón humana no comprende el doloroso canto del olvido.
Disolvente
es su sonido que ofusca la piedad digna para uno mismo,
obligando meramente a
escribir lo mucho que he perdido.
José
Fevos
Apolonio.
~_=-]+[-=_~



