Cuando los deseos mueren ( IV )
Los deseos mueren.
( Parte IV )
Aquel
mandil le acentuaba mejor la figura delgada y fornida de ese abdomen y torso que
parecían bendiciones del dios Apolo. Unos brazos gruesos y morenos dejaron el
brownie y el latte frente a Rafael que los miraba con deseo mal
ocultado
¿Te
sientes bien?, -¿Aaah? Si, si claroo, este graciaas- - ¿Deseas algo mas?- Amm no
non no así esta bien gracias.
De
nada sirvió la pequeña meditación que elaboro en el baño su color rojo le
sobrevino de inmediato, de cualquier forma el ya se había ido dejando tras de si
un aroma muy fuerte a café.
Rafael
tomo la taza y sorbió un poco, el cuerpo es rápido y un chorro se disparo de su
boca para caer en una lluvia hirviente sobre la mesa. –Aaay pendejo me queme
-murmuro mientras los demás le miraban con mirada que delataban como reflejo a
Rafael lo idiota que estaba en esos momentos.
Tomo
una servilleta, limpio. Tomo la ya muy escasa confianza en si, preparo su boca y
las enseñanzas paternales para tomar las cosas calientes. Salivo su boca y como
boquete vació la mezcla de café por su boca. La metáfora que se busca para esta
situación seria la de intentar asesinar las mariposas que revoloteaban en su
estomago con liquido hirviente creado por el amor que aun no le respondía. Lava
cayó por su esófago fulminando hasta el más mínimo signo de nudos creados por la
emoción. Una sensación de bochorno se disparo en todo su cuerpo. Los demás al
mirar esta acción viraron sus cabezas en dirección del quemado. El asombro les
llego al mirar el poder titánico a lo caliente de aquel chico que hace poco se
quemo.
Rafael
se sentía ya profusamente mejor, mordió el brownie tomo un cuaderno de su
mochila iba a arrancar una hoja pero decidió que era mejor otra servilleta saco
una pluma escribió su numero y lo dejo disimuladamente en la mesa. Comió el
resto del pastelillo, giro la cabeza y al ver al primer mesero pidió la cuenta.
Una chica de cabello corto y de color castaño claro se dirigió a
el.
-¿Puedo
tomar tu orden? -aaa este no, digo bueno me ¿traes la cuenta por favor?- -¿Claro
que te cobro?- -Fue un latte y un brownie Alicia-. En una voz sensual, feliz y
muy varonil
-¡gracias
Víctor!. Rafael agacho la cabeza musito ¿Cuánto es?. –Son 30 pesos amigo añadió
la chica. Saco el dinero dio 50 y la chica se dirigió a la caja a cobrar y por
el cambio. En tanto Víctor recogía la taza y el platito a la vez que preguntaba
con voz aun más estremecedora para Rafael, -¿te quemaste verdad? Jejejeje se me
olvido decirte que estaba caliente, perdón hehe-
-Tu
cambio amigo 20, gracias vuelve pronto-.
Si
gracias adiós, - Adiós te espero pronto- Una chispa de placidez le sobrevino, El
es decir el ¡el mismo le esperaba! Salio de la cafetería dio un brinco de
felicidad quiso gritar y corrió hasta la esquino donde recordó el
teléfono.
-¡Mierda
el teléfono! Regreso a la cafetería se dirigió a su mesa, ¡el teléfono ya no
estaba! -¿Dejaste algo amigo?- Pregunto Alicia y Rafael le respondió que un
teléfono, Ooh lo tiene Víctor deja se lo pido permíteme. Su corazón casi cae al
enterarse que víctor tenía el teléfono. -Ah perdón lo tome creí que lo habías
olvidado, iba a marcar para darte también esto-, señalo el cuaderno que
utilizaba para los guiones de cine que escribía, -¿Estudias cine? -Si este
gracias, que tonto soy- -No estaba seguro de si era tu teléfono, iba a marcar
para avisar que si te conocían te avisaran que dejaste tu cuaderno ya si eras tu
pues te lo decía yo. Sonrió y Rafael casi cae fulminado. Pero es que mirar esos
labios gruesos, esa boca fresca y esa pantalla de barba rasurada hace tres días
le enamoró más. Bueno gracias adiós, y corrió a la salida, corrió a la esquina,
corrió a su edificio y subió las escaleras, explotando de felicidad. Llego a su
piso y camino mirando las lámparas que con luz fría le iluminaban el rostro y el
camino a su cuarto donde seguro dormiría entre el aroma a café y brazos fuertes
abrasándolo, donde seguro una boca le besaría el cuello haciendo juego el leve
tacto raspante de aquella barba rasurada.
Si
hoy fue un día genial se decía Rafael mientras se acostaba en su cama y murmura
su nombre como invocando sus deseos.
Víctor,
víctor, víctor.
“El vencedor”, nombre de origen latín. Mejor nombre no le iba. El le amaba y no le preocupaba por demás si Víctor también le amaba todo iba en comienzo y todo iba por surgir.

