Cuando los deseos mueren ( II )
Los deseos mueren.
( Parte II )
El día había sido muy bueno y Rafael se disponía regresar a su apartamento. Claro no sin antes pasar de manera tímida y totalmente inocente forma a tomar un café, este seria su primer acercamiento y lo llevaba maquilando días sin poder pensar en otra cosa, noches sin poder dormir en las que el aroma a café le hundían sus sentidos y sin menor aviso imaginaba aquellas manos fuertes rozándole el vientre y que sigilosamente se escurrían a su entre pierna y comenzaban a apretar su sexo, al final de la fantasía lagrimas blancas de felicidad amarga le escurrían por los dedos que en muchas horas escribían como maquinas lindas cartas de amor. Tomo un respiro y apretó el paso, dio la vuelta en la siguiente calle y ahí estaba aquel café que como una cueva calida ocultaba al mas grande tesoro de sus deseos, se acerco mas con una extraña sensación en el mar de su ser, que a cada paso embravecía mas y mas con olas que tocaban el cielo de su alma, un mar cuyos vientos movían las fibras de su corazón que cada vez latía con una insospechada fuerza. Llego a las puertas de madera y el olor de sus fantasías cobro vitalidad, su cuerpo se sintió extraño, le resultaba difícil pensar muy bien lo que haría adentro, todos los ensayos en su baño habían sido en vano, cada palabra ensayada se había oscurecido y se había quedado vació, un impulso le hizo venir de golpe, entro al café y la luz calida el olor de las bebidas, la tersura de los panes, las risas placidas y desinhibidas, las miradas de tranquilidad y el murmullo como canción de cuna le causo un poco de tranquilidad, busco torpemente un asiento en los sillones mullidos de aquel lugar. Tomo la pequeña carta y se escondió tras ella esperando la voz y la persona que aquella noche seguramente le quitaría el sueño por total. Comenzó a leer y apenas si entendía el menú, el solo estaba atento a una sola cosa... sentía su estomago de mil formas -Buenas noches, ¿puedo tomar tu orden?- (Un rojo amoratado por lo moreno de su piel se hizo presente tras las carta que no le cubría del todo.) -Bubb buenas noches-, (miro hacia arriba) no podía ser, era ¡el! -¿Es es este me podrías dar un latte?-. -Claro ¿frió o caliente? ¿Deseas algún postre para acompañar?-. Aquella voz entraba violentamente a sus sentidos dejando hueco en su mente y marejadas de frió caían por su estomago. Respiro fuertemente y un susurro apenas audible salio de su boca. -Siis ¡Si!, mientras le miraba el rostro en inmediatamente volteaba hacia otro lugar para ocultar lo evidente. Giro la cabeza para ver a la pareja de a lado y musito. -Quiero un brownie-. -Enseguida-. Rafael viro rápidamente para voltear a verlo una vez mas, al momento en que el daba la vuelta en dirección a la cocina... lo miro con avidez recorriendo todos y cada uno de los surcos en la silueta de aquella persona que le había cegado el corazón. Miro su espalda, miro su pelo, miro su trasero el cual sacaba suspiros de todas las muchachas por las mesas en las que el se paseara.




Comentarios sobre Cuando los deseos mueren ( II )
Eres escritor!!!
Ten cuidado, deberías de registrarlo cómo tuyo, porque fijate que yo estaba paseando por MySpace y que me encuentro uno de mis propios artículos! Jajaja, fue gracioso.
Bueno, le di un recordatorio del 10 de mayo al menso que me copio, y le puse el link en mayuscúlas, digo, a mi no me molesta que tomen mis mensajes, lo que me molesta es que ni siquiera pongan el link del blog o algo así U.u
Bueno, voy a seguir leyendo la tercera parte!!
P.D. Que bien que admites tu errores!! A mi me cuesta demasiado hacer eso, neta.
Cuídate y sé feliz =)
OKS, WOOOU!!!
POR ESO TE AMO !!!!
Por que demonios no salieron los espacios, y por que el tiempo parece correr tan vertiginosamente en su vida.
Pobre Rafa que sera de el.
(hasta ahora recuerdo k el wey era moreno)